Buscar
  • Cinacruz

Cae un 70% el área cultivada de algodón y más de 50.000 quintales están sin mercado

Fedepa estima que la producción apilada en las desmotadoras, con el precio actual global, representa $us 3,9 millones y que transformado en confecciones textiles llegaría a $us 46 millones. Gobierno dice que Senatex prevé la compra de 20.000 quintales este año


Fuente: El Deber/ Fernando Rojas Moreno

“Mi padre, Osman Landívar Mansilla, fue gerente de producción de Oriental Algodonera S.A. (Orialsa) por muchos años, empresa que sembraba una importante superficie de algodón y mis progenitores también tenían una propiedad donde producían algodón”. Así, con ese antecedente, José Luis Landívar, describe el pasado familiar vinculado a la producción algodonera.

Trae a colación que era niño cuando ganó sus primeros ingresos cosechando manualmente algodón (solo para el disfrute de mis padres). Cuando creció -comenta- que le dieron la responsabilidad y el cargo de ‘mata sepes’, cuya misión era eliminar la plaga que atacaba y se comía las plantas jóvenes de algodón causando severos daños a la producción.

Posteriormente -dice- que aprendió los nombres y características de otros insectos dañinos y obtuvo el cargo de ‘cuenta insectos’, oficio remunerado en el que debía contar los insectos presentes en las plantas, elegidas al azar, y reportar a la gerencia de producción para decidir aplicar o no insecticidas.

Anota que también aprendió a operar tractores agrícolas y calibrar sus implementos para el arado, rastreo, siembra, cultivo y fumigaciones de plaguicidas. A sus 17 años se hizo cargo de la administración de un proyecto de producción de 100 hectáreas de algodón, que sus padres emprendieron en sociedad con un amigo cerca de la población de Cotoca.

Hoy, esa iniciativa -comenta- es parte del pasado. De 1996 a 2006, Landívar fue productor -en ese período integró el directorio de la Asociación de Productores de Algodón (Adepa), llegando a ser vicepresidente por un año y presidente por dos gestiones-.

Dejó la actividad por no incrementar los rendimientos por área cultivada y porque el precio de la fibra en el mercado global bajó en promedio de $us 100 a 52 por quintal.

“Cuando se unen los gemelos, baja productividad y bajos precios, generalmente resulta en pérdidas económicas, que pueden significar el fracaso de un proyecto agrícola. Cuando después de cosechar y comercializar, ocurren pérdidas económicas; es el momento de dejar de producir y buscar otro cultivo o en su caso, otra actividad. Eso me sucedió y actualmente pasa en el sector porque no hay mercados para la producción ni políticas públicas de fomento a la actividad algodonera”, insinuó Landívar.

Balance sectorial

A decir del presidente de la Federación de Productores de Algodón (Fedepa), Jesús Arce, desdichadamente esa es la coyuntura de crisis que afronta el sector. Aludió que entre el ciclo agrícola 2020 y 2021 el área cultivada de algodón decreció de 3.000 a 900 hectáreas (70%). En 2019, la superficie sembrada abarcó las 10.000 hectáreas.

En lo productivo, Arce advirtió que el sector tiene un stock de 50.000 quintales de algodón de las cosechas 2019 y 2020 almacenados en las desmotadoras Godefroy, Digrabol y Cuatro Cañadas.

Estima que, con el precio internacional actual del algodón, el valor inmovilizado ronda $us 3,9 millones. Transformado en confecciones textiles llega $us 46 millones.

A decir de Arce, falta de mercado es la mayor dificultad con la que el sector tropieza en la actualidad, principalmente por efectos de la ralentización de la economía debido a la pandemia del Covid-19.

En lo productiva, aduce que debido a las normativas vigentes en el país los productores se ven obligados a utilizar variedades de semillas de algodón que no son competitivas en el mercado.

“En Bolivia tenemos costos de producción de un sistema de trabajo obsoleto de hace 20 años y competimos con productores cuyos valores son mucho más bajos debido al uso intensivo de la biotecnología”, apunto Arce.

En la parte comercial, ve falta de fomento a la producción nacional. Si bien el Gobierno dio a conocer su política de sustitución de importaciones, insinúa que en la práctica es más fácil importar textiles hechos de algodón o ‘contrabandear’ ropa usada que producir prendas de vestir nacionales.

En el ámbito financiero, Arce aseveró que el sector necesita mayor apoyo de las instituciones financieras, pues las tasas comerciales son demasiado altas para un productor.

Por otro lado, señala que los créditos ofrecidos por el Gobierno, a través del fideicomiso para la reactivación del sector productivo no están al alcance del agricultor por estar el Régimen Agrario Unificado (RAU) excluido de este tipo de financiamiento.

Juan Campero, algodonero y expresidente de Fedepa, afirma, que en las condiciones actuales, con un stock de producción de hace dos campañas agrícolas y el capital ‘dormido’ por falta de mercado, la apuesta por este cultivo está comprometida. En su caso, dijo que en 2020 sembró 10 hectáreas. Un año fueron 240 hectáreas.

Hizo notar que justo cuando negociaban con las textileras la venta de su producción llegó el Covid-19 y todo quedó en foja cero porque las industrias paralizaron la operación. “El 90% de mi capital invertido y producido está amontonado en las desmotadoras. Hay que abrir mercados y financiar al productor que, a pesar de la crisis económica y del mercado, no se rinde”, puntualizó Campero.

En criterio de William de las Muñecas, gerente general de Agrofortaleza SRL -empresa productora y exportadora de algodón desde 2000-, la producción ha empezado a perder terreno porque Bolivia no cuenta con horizonte comercial. “El país dejó de hacer acuerdos comerciales de complementación económica para vender sus materias primas. No desarrolló adecuadamente el grupo andino y el Mercosur y, lo peor de todo, perdimos el Atpdea”, mencionó.

Al no abrir mercados, en su opinión, naturalmente las exportaciones se han visto restringidas. Alega que la producción en Bolivia está estancada desde hace 20 años y que mientras otros países utilizan tecnología de punta, materiales no solamente transgénicos, sino probados en cuanto a rendimientos, hoy en Bolivia continúa con variedades convencionales hace más de dos décadas.

“El costo de producción es más alto. Los factores de producción son más difíciles de encontrar y prácticamente es inviable la producción de un algodón caro, con un bajo rendimiento”, infirió De las Muñecas.

De acuerdo con el gerente de Agrofortaleza, la superficie del algodón ha desaparecido por esos factores y duda que el sector algodonero pueda levantarse porque no tiene mercado y acceso a tecnología. Sin embargo, expone que el sector tiene potencial, divido en dos fracciones. El primero, una producción de fibra de alta calidad y, segundo, por la semilla de algodón. “Es quizás uno de los cultivos con mayor contenido de aceite. Podría ser el punto de partida para producir el aceite que puede ser utilizado para el biodiésel”.

Gobierno articula un plan

El Gobierno nacional, a través del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras y el Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural, está elaborando una estrategia coordinada y articulada con las entidades territoriales y actores privados para mejorar la producción primaria, los procesos de transformación y el fortalecimiento del mercado. Desarrollar procesos de investigación, transferencia de tecnología, producción de semilla, fortalecimiento de capacidades técnicas y posicionar el algodón en el mercado interno son algunas acciones que se analizan.

En este ámbito, el estatal Servicio Nacional de Textil (Senatex) en 2020 adquirió 7.949 quintales de fibra de algodón y para este año proyecta alcanzar 20.000 quintales, volumen de fibra que debe cumplir estándares en longitud y diámetro para la producción de hilos de título fino y telas.

Según el Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural, una de las estrategias que el Gobierno actualmente trabaja es el mejoramiento de las condiciones fitosanitarias del cultivo de los algodones, el diseño de programas de capacitación en buenas prácticas de empaque para exportación y la habilitación de mercados para la exportación.

Por otro lado, el Gobierno puso a disposición del sector productivo el Fideicomiso para la Reactivación y Desarrollo de la Industria Nacional (Firedin), con una tasa de interés anual fija de 0,5%, cuyo objetivo es facilitar recursos para capital de inversión (hasta Bs 5 millones), y capital de operación (hasta Bs. 3 millones), destinados a la sustitución de importaciones, reactivación de la producción y generación de empleo.

Potencialidades en cifras

Con estimaciones de agricultores y ex directivos de Adepa, si el sector lograra sembrar 50.000 hectáreas de algodón se podría generar 125.000 empleos directos en el sector primario y 375.000 indirectos, a través de toda la cadena de hilos, tejidos y confecciones de fibra de algodón.

Además, $us 462 millones en divisas por exportaciones de hilos, tejidos y confecciones de prendas y eliminar los $us 30 millones que el país importa anualmente en fibra y derivados de algodón.

Urge biotecnología y acceso a crédito para redimir potencial

Fuentes del sector primario (productores), secundario (desmotadoras, hilanderías, tejedurías, talleres de confeccionistas de prendas) y terciario (transporte, ventas de insumos agrícolas) infieren que son cuatro las medidas esenciales para redimir el potencial de la cadena de valor de algodón en Bolivia.

Competitividad. Creen que es necesario que el Gobierno permita a los productores el acceso a la agrobiotecnología para que los productores mejoren sus rendimientos y reduzcan costos, permitiendo que la actividad algodonera sea sostenible económicamente y amigable con el medio ambiente, al reducir el uso de agroquímicos.

Opinan que se requiere de un trabajo público-privado para reabrir 0mercados externos, con los países que integran el Bloque Andino (Perú, Colombia y Ecuador) y otros mercados (Brasil, Paraguay, China, Vietnam, Indonesia y otros).

Otro tema pendiente e importante es que el productor tenga acceso a financiamientos de fácil acceso, de largo plazo y a tasas razonables.

Otra medida esencial es la seguridad jurídica de la tierra, de tal manera que la banca acepte este activo para garantizar sus préstamos. “Es importante que el productor tenga saneados sus títulos y se elimine la exigencia de la FES (función económica social)”, apuntaron.

0 vistas0 comentarios