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FAO: “No debe haber un rechazo general de lo transgénico”

Instalar una política de mecanización integral y apostar por un sistema de riego son temas clave para el agro nacional. Impulsar un sistema de producción ‘amigable’ es otra de las tareas pendientes.

Fuente: El Deber, Juan Carlos Salinas Cortez.

Tras 40 años de trabajar en los campos del mundo y compartir distintas experiencias con los productores de alimentos, Theodor Friedrich deja la FAO para retornar a su natal Alemania y desde ahí seguir conectado en los temas agrícolas y difundir un mejor sistema de producción, que, a su criterio, permitirá a la humanidad avanzar.

 _¿Cuál es el perfil de la producción boliviana? Básicamente tenemos dos grandes áreas agrícolas. Por un lado, la agricultura familiar y por el otro, una agricultura industrial. En este sentido, la última se caracteriza por tener acceso a la tecnología, que todos no saben usarla, pues eso se refleja en la baja productividad de algunos cultivos. A eso se deben sumar los eventos climáticos, especialmente la sequía, que ha afectado a este tipo de producción. También se pudo observar que el uso de los plaguicidas no es el más adecuado.

En cuanto a la agricultura familiar o campesina, que se desarrolla principalmente en el Altiplano y algunas zonas de los Valles, desde una perspectiva política han recibido algún tipo de ayuda y asesoramiento tanto desde el Gobierno como de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés). Pero lo que no han recibido es un apoyo técnico, pues las condiciones de trabajo de esos pequeños productores no ha cambiado. Muchos todavía están usando herramientas de hace 30 años.

Ser campesino u optar por una producción familiar no es un negocio rentable, por eso la migración campo-ciudad sigue aumentando. Esta situación es lamentable, pues la agricultura familiar tiene un peso importante en la seguridad alimentaria del país. Por lo que este sector necesita un mejor apoyo técnico, financiero y un adecuado asesoramiento para que los mismos se organicen y tengan una conducta de emprendimiento que le permita manejar de la mejor forma tanto la producción como la posproducción.


_¿A qué se refiere con agricultura de conservación? Es un nuevo modelo de producción agrícola que se apoya en el medioambiente, especialmente en el uso del suelo. Este sistema productivo se basa en tres aspectos, el primero es no mover la tierra, no alterarla mediante el arado; el segundo punto es que debe existir una permanente cobertura del suelo con hierbas, plantas u otro tipo de material orgánico; y el tercer factor es aprovechar la diversidad de los sistemas de producción para generar variedad y no monocultivos. Se busca conservar los bosques, frenar el aumento de la frontera agrícola. Es una nueva manera de entender la agricultura para producir alimentos sanos sin dañar el entorno.

_¿Cuál es su opinión respecto al uso de las semillas transgénicas? Es un tema que se aborda de manera equivocada e incompleta. Algo que no se debe desconocer es que en Bolivia hace años que se está usando soya transgénica con rendimientos pésimos. Esto se debe a que este tipo de semillas genéticamente modificadas no son justamente pensadas para mejorar los rendimientos, sino que están creadas para resistir al glifosato. Esto ha permitido el desarrollo de un sistema de monocultivo resistente a los plaguicidas, que es el objetivo principal de las grandes empresas transnacionales, que nacieron como comercializadoras de agroquímicos, que venden este tipo de semillas.

Hay transgénicos resistentes a la sequía y contra estos no tengo una opinión negativa, por lo que diría que no se puede tener un rechazo generalizado del uso de las semillas transgénicas.


Considero que usando una agricultura de conservación no necesitamos este tipo de transgénicos, pues se puede apuntar a una diversidad de cultivos en la rotación de la tierra.

_Entonces, ¿hay buenas y malas semillas transgénicas? Se podría entender de esa manera, pues creo que las semillas resistentes a la sequía y aquellas fortificadas con determinadas vitaminas son positivas, pero no aquellas que dañan al medioambiente y que impulsan la expansión de la frontera agrícola a partir de un monocultivo, que por lo general tiene bajo rendimiento.


_Las distintas plataformas que rechazan el uso de los transgénicos dicen hacerlo en defensa de la salud ¿Considera que hay una relación directa entre estas semillas y algunas enfermedades que afectan a las personas? Dudo que solamente los transgénicos tengan un impacto negativo en la salud de la población. Lo que daña es el uso indiscriminado de los agroquímicos y ese es el objetivo de los transgénicos resistentes a los herbicidas. Por ejemplo, el uso del glifosato se ha extendido tanto, que está presente en situaciones para las cuales nunca fue diseñado.

El glifosato fue creado para ser usado antes de la siembra del cultivo, para matar malezas que más adelante podían afectar a la producción. Ahora, con las variedades resistentes a este herbicida, se lo aplica encima del mismo, quedando los residuos que son consumidos, en el caso del maíz, por las vacas, cerdos o pollos, algo que obviamente puede tener a largo plazo efectos dañinos para la población. Por todo aquello, puedo indicar que algunos transgénicos han facilitado el uso indiscriminado del glifosato y eso es muy peligroso.

La tecnología de los transgénicos no tiene nada de malo y se la debe aprovechar, pero no para fines de lucro que beneficien a la industria química.

_En la agricultura boliviana, ¿qué peso tiene la mecanización? En ese aspecto falta mucho por hacer. Pues la mecanización agrícola solo se ve en Santa Cruz, mientras que para el pequeño campesino andino y de los valles no existe una mecanización agrícola apropiada para su sistema de producción y situación topográfica como lo hay en la India y Bangladés.

Acá solo se ha pensado en el gran productor, mientras que para el pequeño y mediano los equipos que hay en el mercado son muy grandes para sus chacras, por lo cual no pueden trabajar de forma eficiente.

No existe una infraestructura de mecanización. Me refiero a una red de distribuidores en las zonas productivas que brinden servicios antes, durante y después de las labores agrícolas.

Algo que se debe remarcar es que no hay una política de mecanización, más allá del regalo de tractores, pero sabemos que esta receta no es la adecuada, pues el uso de estas tecnologías debe ser impulsada por la demanda, en donde el productor tiene que saber qué tecnología existe y cuál de ellas se adecua a sus necesidades.

_¿La topografía puede frenar la mecanización? De ninguna manera, por ejemplo, en China y Bangladés hay pequeños productores ubicados en zonas montañosas que cuentan con maquinaria acorde con sus necesidades como los microtractores que permiten la siembra en laderas con piedras.

Hay orugas para chacras muy pequeñas y cosechadoras para los granos andinos, pero no llegan al país, ¿por qué no llegan?, pues porque los vendedores de estas máquinas no saben que hay un mercado. Es ahí donde entra el Estado, otorgando créditos, capacitando a los pequeños productores y haciendo visible este mercado para las empresas que tienen los equipos para el agro del Altiplano y de los Valles bolivianos.

_En cuanto al sistema de riego, ¿cuál es su percepción? También falta mucho por mejorar. Es cierto que se implementaron distintos programas de riego, pero en ningún caso se ha reflejado en un aumento de la producción. Por ejemplo, muchos programas se desarrollaron en lugares donde no hay una fuente de provisión de agua o la cultura del productor es ajena a un sistema de riego.

Otro aspecto a mejorar es la tecnología usada en estos sistemas de riego. Pues en la producción de arroz se optó por un sistema superficial de riego que es algo obsoleto, pero tampoco es adecuado el riego por aspersión para los climas secos donde hay una alta tasa de evaporación. Un buen sistema sería el riego de goteo subterráneo que sí llega a las raíces de los cultivos y se tiene un gran ahorro de agua.

_¿Cree que hay una política de Estado para hacer frente a los eventos climáticos como sequía e inundación? Sí la hay, pero esta política no está respondiendo de forma adecuada a estos eventos climáticos. Se busca generar alertas tempranas para la falta de agua o las inundaciones, pero no resuelven el problema. Lo importante es ver las causas fundamentales que generan estos fenómenos climáticos. 

La deforestación es uno de los principales responsables de estas situaciones extremas, por lo que una de las formas para tratar de cambiar esta situación es implementar un sistema productivo de conservación que reduce significativamente el impacto de sequías e inundaciones.

-¿Cuánto invirtió la FAO en sus programas de apoyo al productor boliviano? Durante mi gestión la movilización de recursos pasó de unos $us 700.000 a más de $us 50 millones para apoyar distintos programas productivos. Se trabajó en el manejo del agua y de los bosques con un enfoque productivo. Dinero de por sí siempre hace falta, pero es importante que lo que se destine tenga un impacto positivo, y eso es lo que se ha buscado desde la FAO, pues esta no trae tractores, sino que busca invertir en conocimiento y tecnología.

-¿Qué puntos medulares se deben seguir trabajando en el campo boliviano? El punto dulce de mi gestión es que he visto un país receptivo a las innovaciones y el sabor agridulce está relacionado con que no pude terminar con la introducción de la agricultura de conservación. Algo más amargo es el tema de los incendios y cómo se enfrenta. Veo que la normativa no es lo suficientemente dura para dejar fuera de lugar al fuego en la preparación de la tierra para su siembra. También sueño que las leyes consideren que la ampliación de la frontera agrícola no es la mejor respuesta para mejorar los rendimientos de producción.

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